Prometer no cuesta nada, pero la realidad del poder deja al descubierto la falta de congruencia. Samuel García construyó su carrera política y su ascenso mediático a base de discursos incendiarios contra el Gobierno Federal. En cada tribuna, el entonces legislador prometió romper de manera definitiva con el Sistema Nacional de Coordinación Fiscal, juró que recuperaría los miles de millones de pesos que Nuevo León le “regala” a la Federación y utilizó consultas ciudadanas para inflar un movimiento que prometía la independencia económica del estado. Sin embargo, ya instalado en la silla gubernamental, la valentía se le esfumó por completo.
Del león embravecido en redes al gatito obediente en el escritorio
En su etapa como senador y posteriormente como candidato a la gubernatura en 2021, el discurso de Samuel García era tajante: a Nuevo León lo estaban saqueando desde el centro del país. Para darle fuerza a su narrativa, promovió la plataforma nuevoleondecide.mx, presumió un supuesto respaldo ciudadano abrumador del 94% para abandonar el convenio y prometió que exigiría retener al menos el 50% de la recaudación fiscal generada en el estado. El libreto funcionó a la perfección para ganar likes, generar conversación en redes sociales y movilizar votos a su favor, pero al final resultó ser una simple estrategia de mercadotecnia electoral sin sustento real.
Gobernando con la cola entre las patas
Al asumir la gubernatura, la furia opositora se transformó en un silencio sumiso. A la fecha, Samuel García no ha enviado una sola iniciativa formal al Congreso de Nuevo León para concretar la salida del pacto ni para modificar legalmente la retención de impuestos. El llamado gobernador rebelde terminó ejecutando la misma estrategia que tanto criticó a sus antecesores: agachar la cabeza, ajustar su presupuesto a lo que dicta el Centro, pedir recursos de rodillas a la Federación y acomodarse dócilmente al sistema existente.
Un show mediático al descubierto
El contraste entre la retórica de campaña y la gestión actual evidencia la falta de un plan verdadero. El político que vendía la idea de un Nuevo León autosuficiente e independiente ahora estira la mano mes a mes para sobrevivir dentro del presupuesto federal. Romper con el pacto fiscal fue solo un espectáculo para las cámaras; al tomar las riendas del estado, quedó al descubierto que entre la charlatanería electoral y la verdadera capacidad de gobernar existe un abismo de incoherencia.
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